
Hoy conoceremos un poco más a Eva, de una manera natural. Quien no la conozca podrá descubrir su transformación a la hora de trabajar con nuestro fotógrafo Andrés.
Hola Eva, cuéntanos tu preparación un día de sesión.
El día que tengo sesión de fotos lo tengo declarado como uno de mis (muchos) “días de amor propio”. Intento descansar bien la noche anterior, me preparo una comida saludable y mimo mi pelo y mi cara con varios productos. Me puedo dedicar gustosamente una mañana entera a ello.
Dependiendo del tipo de sesión preparo un macuto con la ropa y lo básico para retocarme el maquillaje.
¿Para esta en particular?
En esta ocasión llevo un único vestuario, por lo que no tengo que preparar nada. Al ser en exterior y en el campo, opto por un maquillaje sencillo y natural. Cuando las sesiones son en el estudio, me empleo a fondo en el maquillaje.
¿Cómo es trabajar con Andrés?
Trabajar con Andrés siempre es cómodo y fluido, pero eso no quita que la hora previa a quedar esté inquieta. Ponerme frente a una cámara profesional para mí significa, en cierto modo, actuar, pero no ser otra persona, sino sacar varias partes de mí que de normal salen de manera espontánea: seducir a la cámara, reír o sonreír, ser algo agresiva u obscena… depende de la temática que preparemos, pero sobre todo procuro que los músculos de la cara estén lo más relajados posible, así que no es de extrañar verme gesticular mucho la boca y masajearme los pómulos y la frente entre tiro y tiro…
Suelo intentar comunicarme mucho y dejarme guiar con el fotógrafo para saber si tiene algo en mente y hacerlo. Me gusta trabajar con Andrés porque él deja que fluya en mis poses y cuando me quedo en blanco me ayuda. Me guía al milímetro: orientación del cuerpo, inclinación de la cara, punto de mirada… y, claro, también ayuda que cuando me enseña las fotos desde la cámara (aparte de hacer una paradita), al ver el resultado en bruto se dispara mi imaginación y vuelvo a fluir con las poses.

¿Qué es más difícil, hacer fotos en estudio o fotos en exterior?
No sabría decir si es más difícil una sesión en estudio o en exterior, pero puedo asegurar que las de exterior y, sobre todo, con la luz cálida de un atardecer primaveral, salen infinitamente más bonitas… pero hay que saber aprovecharlo bien.
Se te ve impresionante en las fotos. ¿Siempre vas tan motivada?
No en todas las sesiones voy con mi nivel de empoderamiento alto o con muchas ideas para posar; de hecho, a veces he tenido que hacer parones, respirar, centrarme para convencerme a mí misma de lo bien que lo puedo llegar a hacer, inflarme el pecho de amor propio y resetear.

¿Te gusta estar delante de la cámara?
Me gusta posar delante de la cámara aunque por dentro me estén acribillando mis inseguridades (si la perspectiva de la cara me va a hacer parecer más redonda, si me sale un ojo más abierto que el otro, o si se me nota la papada o una arruga en el costado…), intento descartar todo eso y darme ánimos a mí misma mentalmente. Escuchar la música de fondo me ayuda mucho, verme de vez en cuando en el espejo para ver que todo sigue bien. Y hacer un poco la gansa y reírme también me ayuda a relajarme y disfrutar del momento de la sesión.

¿Cómo es ver el resultado final?
Cuando veo los resultados siempre soy muy exigente y pienso que podría hacerlo mejor o corregir cosillas de mí, pero sin duda me da un subidón de orgullo y autoestima al verme. A veces me quedo embobada viendo una foto tras otra porque perfectamente podrían ser de portada de alguna revista de moda. Me encanta ver los resultados finales, pero sin duda me quedo con el trabajo previo: mis tratamientos corporales, maquillaje, elegir vestuario y lo entretenidas que son las sesiones de fotos.

Para terminar, nuestro fotógrafo nos comentaba algunas cosas de trabajar contigo. Entre ellas que recibe verdaderos halagos del trabajo final de las sesiones contigo y de lo espectacular que te ven muchas mujeres. ¿Qué les puedes decir para que sientan más seguridad y se atrevan a hacer cosas como tú?
Que se dediquen más tiempo. Vivimos en un mundo de estar con prisas, acelerados e intentar llenar nuestro día a día con quehaceres para sentirnos más realizados y más valorados…, pero siempre nos olvidamos de nosotros mismos. Hay que organizarse para que, a la semana, tengamos unas horitas para hacer cosas que nos hagan sentir bien y cuidarnos: ponernos una mascarilla en la cara, depilarnos, recrearnos en peinarnos o maquillarnos, leer un libro que nos guste, dar un paseo por el campo… Tener tiempo para una misma y cuidar nuestra apariencia por fuera también nos va a nutrir por dentro. Nos veremos mejor y eso nos subirá la autoestima y nuestra seguridad.

Quitarse de todos los juicios que nos hacemos frente al espejo, amar cada estría, marca de celulitis y poro de nuestra piel. Aceptarnos mientras nos cuidamos y tenemos hábitos saludables. Hay que romper las barreras de: soy demasiado no sé qué y poco no sé cuánto. Basta. Nadie es mejor que nadie. Estamos en constante cambio y lo único que debemos preocuparnos es de ser la mejor versión de nosotras mismas sin compararnos con nadie.

Es fácil quedarse en casa pensando “jo, me gustaría hacerme fotos así, pero…”; hay que descartar eso y dar el paso. Nadie va a ir a tu casa a proponerte nada. Hay que vivir y experimentar. Y si algo te entusiasma, ve a por ello.

“Un deseo no cambia nada, una decisión lo cambia todo”.

