
Actriz valenciana que comenzó su carrera con tan solo 9 años, participando en un cortometraje que marcaría el inicio de su vocación interpretativa. Ha interpretado personajes en producciones como La Caza. Tramuntana, Madres. Amor y vida, Pulsaciones o la serie juvenil Tú no eres especial Ha formado parte del reparto de La Red Púrpura y acaba de estrenar El Convento (dir. Ángel M. Chivite y Luis Galindo), donde interpreta a Lucía, uno de los personajes protagonista. El convento está inspirada en hechos reales y trata sobre dos muchachas que ingresan en un convento a mediados del siglo XVIII. Allí descubren que, tras la aparente tranquilidad de la vida religiosa, se ocultan secretos y horrores capaces de transformar sus vidas en una auténtica pesadilla. Está protagonizada por Ana Álvarez, María Mercado y Nahia Bergasa. Completan el reparto Mentxu Vicente, Vanesa Baldonado, Alfonsina Carrocio, Alessandra Borgia y Blanca Aguilera. Con María Mercado ha hablado Mónica Van der Schoot sobre la película:
Mónica Van der Schoot: ¿Qué te llamó más la atención del personaje cuando te lo propusieron?
María Mercado: Me mandaron el guion de la película cuando me pasaron el casting así que cuando lo leí dije: yo quiero hacer esto. Al final es un personaje que se aleja mucho de mi realidad, otra época, otra personalidad, otra mentalidad. Siempre me dan personajes donde tengo que hacer de buena, entonces esto me hizo especial ilusión. Me pareció algo muy divertido de interpretar porque Lucía era especialmente buena, extremadamente buena. Pude jugar mucho y aunque la película no sea divertida, a nivel interpretativo, como actriz sí que lo es. Indagar algo en toda esa inocencia que tiene Lucía fue lo que más me llamó la atención: monja de un convento en la que todos los personajes son femeninos y hay alguna escena en concreto que me hizo especial ilusión.
MV: ¿Cómo ha sido el proceso creativo de una joven novicia del siglo XVII?
MM: El proceso creativo fue en conjunto, lo trabajamos todos para estar en consonancia y yo hice un trabajo personal como mi personaje para crear como caminaba o gesticulaba. Personalmente no conocía el caso, así que hablé con los directores para conocer bien la historia, que ambiente querían generar en la película e investigar un poco. Luego, con el resto de actrices se hizo un trabajo en grupo para conocernos todas. El resultado fue muy positivo.
Creo que Nahia y yo hemos estamos mucho a la par, hemos aportado una interpretación bastante fresca, natural. No queríamos dejar de lado que, a pesar de que fuera un convento del siglo 18, no dejaban de ser niñas de 16 años, y aunque fuese otra época no queríamos que quedara forzado o poco orgánico.

MV: Además de eso, a la hora de construirlo, ¿cómo conseguiste esa dinámica con Nahia Bergasa?
MM: Nosotras ya nos habíamos conocido y nos hizo mucha ilusión enterarnos que íbamos a trabajar juntas, porque siempre es difícil empezar de cero en una producción como esta. Tuvimos un mes de rodaje y contar con un punto de partida, con una compañera que ya conoces, que tienes confianza y que te llevas bien, facilita las cosas. En el hotel nos quedábamos horas y horas hablando y ello aporta en lo profesional, porque, nuestros personajes en la película al principio no se conocen, pero se hacen amigas, una dinámica que hemos creado en la vida real y que creo que se ha podido reflejar en la película. Cuando no nos cuadraba algo, trabajábamos en ese punto para resolverlo
MV: ¿Cómo consigues atrapar al espectador con tanto giro de la historia?
MM: El personaje de Lucía, como actriz, es un regalo porque tiene un arco muy grande y al final para la profesión cuanto más difícil sea, más enriquecedor. Cuanto más reto, más nos gusta. Para interpretar el personaje quería estar segura de que se trasladaba lo que estaba escrito en el guion, y quería reflejar en cada escena en la fase en la que se encontraba Lucía. Por ejemplo, la localización es siempre la misma: un convento de monjas de clausura en la que se repiten escenas cocinando, comiendo, limpiando…pero el momento de Lucía no es el mismo en una escena comiendo al principio de la película que al final. Como no grabábamos por orden, tenía que tener claro qué le sucedía a Lucía en cada momento.
MV: ¿Qué crees que han aportado las localizaciones sobre la película en Navarra?
MM: Grabar en este convento en Villafranca ha sido perfecto para la película porque era pequeño más que el original, que está en Cordella. Se generaba un ambiente más íntimo, que se necesitaba para lo que se quería transmitir.
Hacía mucho calor, y más con esos hábitos, que a pesar de que el equipo de vestuario hizo un trabajo maravilloso, se pasaba calor y esto creo que vino hasta bien, pues nos vino genial para meternos en una dinámica de angustia y reflejar la misma angustia que sintieron los personajes en la realidad.
El hotel en el que nos quedamos, si mal no recuerdo, daba puerta con puerta al convento, así que no llegabas a desconectar: tú salías por la puerta del convento, pero realmente el convento no salía de ti.

MV: En tu trayectoria has participado en proyectos muy diferentes. ¿Qué lugar ocupa El convento en tu trayectoria?
MM: Tengo la suerte de que he trabajo en proyectos con personajes con mucha profundidad y personajes que me han gustado mucho interpretar. En este caso, Lucía podría decir que es uno de los personajes que más arco ha tenido. Ha sido muy divertido explorar un poco y volver a esa dulzura e inocencia de cuando eres adolescente.
Por otra parte, adoro Navarra, he rodado varios de mis proyectos ahí, y para mí es casi como una segunda casa. Cuando vuelvo siempre siento una conexión súper especial y me siento muy feliz. Un mes ahí viviendo en un hotel con el resto del equipo ha sido una experiencia muy completa, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Trabajar con las demás actrices y conocerlas ha sido muy bonito, nos hemos ayudado mucho y ha sido muy enriquecedor.
MV: ¿Cómo reaccionarías si alguien de tu entorno decidiese entrar en un convento?
MM: Realmente no lo sé. Creo que me tendría que ver allí. Es una pregunta que nos hicimos todos grabando la película. Por un lado, me sale el instinto de querer apoyar a la persona en la toma de sus decisiones, pero por otro me daría un poco de miedo de si es la decisión correcta, si se va a perder algo. Yo creo que dependería de la persona que me lo cuente, si es una persona que ha llevado una vida muy vinculada a la religión, lo entendería, pero si fuese alguien que no ha llevado esa vida, intentaría de que estuviese segura de su decisión. Al final, da igual lo que opinemos los demás, si una persona quiere hacer algo, lo hará y basta que le digamos que no para que quiera hacerlo aún más. Es una situación complicada, pero al final hay que aceptarlo.
MV: La decisión de ingresar en un convento es poco común hoy en día, ¿crees que entendemos menos ese tipo de vocaciones que hace unas décadas?
MM: Cada vez nos cuesta más elegir este tipo de vida, más que hace unos siglos o décadas, como ocurre en la película. Yo creo que cada vez hay menos gente vinculada a la religión, que la sigue habiendo y siempre seguirá. Cada vez es más impactante, y también no es lo mismo la vida que llevamos ahora que la de antes. Ahora es más fácil y común que se salga de los pueblos, que se viaje, se socialice, que se tengan más parejas… y nos cuesta más entender por qué alguien tan joven se mete en un convento de clausura y no salir.
MV: Después de llevar la piel de Lucía tanto tiempo, ¿crees que te ha enseñado algo a nivel personal?
MM: Al principio me costó encontrar parecidos con Lucía porque somos personas muy diferentes. Son épocas distintas y no veía muy bien cómo relacionarlo, pero me di cuenta de que Lucía era, al igual que yo cuando era joven, una chica muy buena e inocente. Lucía me hizo recordar esa parte de mí, porque cuando vas creciendo se va perdiendo un poco.
Considero que aún tengo un poco de inocencia, aunque a lo largo de la vida vivimos experiencias que te hacen que espabiles. Trabajar a lucía me hizo acordarme de esa parte de mí, me generó un poco de nostalgia de mi mini María y me recordó que no hay que perderlo. La vida te enseña que hay que estar un poco alerta porque no sabes lo que te puede pasar y que no es de color de rosa, pero no hay que dejar de ver las cosas con ilusión y como cuando eras pequeña.
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