
Sed bienvenidos y bienvenidas a un nuevo artículo de «Visibles y Reales». Un nuevo año ha empezado y con él todos los buenos deseos e ilusiones. Para mí, particularmente, espero que este sea el año en el que pueda recuperar una de mis aficiones más queridas, que es la de poder viajar por el mundo conociendo nuevos destinos y personas. Crucemos los dedos.
En el artículo de este mes vamos a conocer a una persona con la que he tenido el placer y el privilegio de entrevistar y conversar. Una de las mejores gimnastas rítmicas que ha tenido este país, tres veces campeona del mundo y medalla de oro olímpica: Nuria Cabanillas.
Nacida en Villafranca del Panadés, Barcelona, con poco más de un año se instaló en Badajoz con sus padres y ya nunca ha abandonado nuestra ciudad. Debido al interés de sus padres por que participara en alguna actividad extraescolar y a que su madre practicaba gimnasia de mantenimiento, con ocho años empezó su carrera en la gimnasia rítmica. Ella misma nos contaba en la entrevista:
«Mis padres querían que sus hijos practicáramos algún deporte y, como a mí me encantaba bailar y la música, la gimnasia fue la elección perfecta. Además, mi madre ya hacía gimnasia, por lo que me apoyaron totalmente».
En 1994 fue convocada para la selección júnior de gimnasia y, un año después, Emilia Boneva, una de las mejores entrenadoras de la historia de la gimnasia española, la convocó para la selección nacional de gimnasia rítmica de España en categoría sénior y se trasladó a Madrid.
«Yo tenía 14 años cuando me convocaron y me fui a vivir a un chalet en Canillejas. Allí vivía y entrenaba con mis compañeras y otras gimnastas, entre ellas Almudena Cid, con quien compartía habitación. La convivencia era fácil, aunque siempre hay roces: cada una veníamos de sitios distintos. El día a día incluía mucha rutina, entrenar e ir a clase, pero sobre todo entrenar horas y horas, de forma individual y en conjunto, y era muy duro, especialmente cuando estábamos cerca de una competición. En esas épocas se priorizaban los entrenamientos antes que las clases».
Durante los siguientes tres años, la selección nacional de gimnasia rítmica española se convertiría en una de las mejores de la historia, logrando tres campeonatos del mundo y una medalla olímpica. Un hito irrepetible en la historia de la gimnasia rítmica española. Naturalmente, el trabajo que hubo detrás fue muy intenso: horas y horas de entrenamiento y muchos viajes por todo el mundo, de Viena a Budapest, de Atlanta a Tokio, y todo esto sobre los hombros de gimnastas muy jóvenes, algunas de tan solo 15 años.
«Éramos muy jóvenes y estábamos sometidas a una gran presión, pero era la única forma de conseguir la excelencia y la perfección necesarias para lograr lo que hicimos».
En 1996 se celebraron los Juegos Olímpicos en Atlanta. El equipo español, que ya había ganado dos campeonatos del mundo, partía como una de las mejores selecciones del mundo en ese momento. Tan solo Bulgaria y Rusia podían interponerse en el sueño de la medalla de oro.
Era viernes, 2 de agosto, la final de gimnasia rítmica. El conjunto español, formado por Nuria, Marta Baldó, Estela Giménez, Lorena Guréndez, Tania Lamarca y Estíbaliz Martínez, había conseguido pasar a la final tras quedar en segunda posición en las preliminares del día anterior, por detrás de Bulgaria.
Debían realizar dos ejercicios: el de aros y la especialidad del conjunto español, el combinado de cintas y pelotas. Tras finalizar sus dos ejercicios, las españolas ocupaban el primer puesto y solo las rusas podían arrebatarles el oro, pero varios fallos en su ejercicio dieron el oro al conjunto español, que desde ese día pasó a llamarse «las chicas de oro».
«Nosotras habíamos terminado nuestros ejercicios y estábamos en el vestuario. Sabíamos que el equipo ruso era el único que podía quitarnos el oro, porque habíamos superado al equipo búlgaro. Entonces recuerdo que Almudena Cid vino corriendo y gritando al vestuario que las rusas habían fallado y que teníamos el oro, que éramos campeonas. Fue algo maravilloso».

Tan solo una semana antes de su cumpleaños, Nuria obtenía el oro olímpico en Atlanta, convirtiéndose en la segunda medallista española más joven en unos Juegos Olímpicos. Tenía casi 16 años. Tres de sus compañeras también están entre las seis más jóvenes.
1997 fue el último año como titular para Nuria, quien pasaría a ser la suplente del equipo en 1998, año en el que se consiguió el tercer campeonato del mundo. En 1999 anunció su retirada profesional, entre otras razones, por desacuerdos con las nuevas entrenadoras del conjunto nacional tras la marcha de Emilia Boneva y por su política sobre el peso que las gimnastas debían mantener.
«Querían que se mantuviera aquella imagen de niñas pequeñas y eso hizo que la política sobre el peso se volviera muy estricta, más incluso de lo que ya era. Y si para algunas de nosotras ya era difícil cumplir, con aquellos cambios resultó casi imposible. Yo misma me quedé sin ir a una competición en Tokio porque me castigaron al subir de peso. La mayoría de mis compañeras de Atlanta dejaron el equipo por esa razón».
Una vez retirada, en el año 2001, Nuria participó en la Comisión especial sobre la situación de los deportistas al finalizar su carrera deportiva, en la que denunció el desamparo que sufrían muchas de las gimnastas tras su retirada.
«Durante los años que estuvimos compitiendo, la federación nos trataba muy bien, nos tenía entre algodones. Contábamos con médicos, psicólogos, fisios, lo que necesitabas. Todo para que dieras el máximo rendimiento y se consiguieran los éxitos, pero cuando nos retiramos se acabó. La federación ya no quería saber nada de ti, te cerraban todas las puertas y les daba igual lo que hubieras conseguido.
»Nadie, durante todo el tiempo que estuvimos compitiendo, nos preparó para el mundo real, para el mundo que había cuando nuestra carrera llegara a su fin. Yo me fui de casa con 14 y volví con 20, pero seguía siendo una niña de 14, porque nadie nos había preparado para la vida real. Y eso fue una de las cosas que denuncié ante el Senado.
»Eso, y que se nos reconocieran todos los logros. Yo, por ejemplo, incluso tras ganar tres campeonatos del mundo y una medalla de oro olímpica, tenía que hacer los tres años completos de formación si quería ser entrenadora nacional, exactamente igual que una persona que quisiera sacárselo por hobby. Y, además, estaba el tema de conseguir trabajo relacionado con lo tuyo. En muchos sitios te exigían tener titulaciones universitarias e ignoraban todos tus méritos deportivos. Te decían que eso no contaba».
Después de retirarme, la Junta de Extremadura me contrató a mí y a otro chico, un atleta paralímpico, como asesores de Deportes. Yo siempre estaré agradecida a la Junta por darme aquella oportunidad, pero me pusieron en un despacho a gestionar proyectos sin que nadie me enseñara cómo hacer mi trabajo. Me llevaban a muchos actos y había mucha gente que decía que a mí me había contratado la Junta para que saliera en las fotos, y algunas veces tenían razón, porque nadie me formó en cómo hacer mi trabajo.
«Para mí fue muy difícil».

No fue lo único ni lo más grave que denunció. Expuso también cómo la federación tardó cuatro años en pagarles el dinero acordado por haber ganado el oro olímpico, amén de becas, giras y un largo etcétera que sumaba una cantidad de 41 millones de las antiguas pesetas.
«Aquello fue una vergüenza, que tardaran tanto tiempo. La federación tenía mucho dinero, y más tras los éxitos del equipo, pero casi nunca se transformaba en mejores condiciones para las gimnastas».
Aunque han pasado 25 años desde la gesta de las chicas de oro y algunas cosas han mejorado, la situación en algunos aspectos sigue siendo deficiente, nos explica Nuria.
«Ahora las cosas han mejorado. Por ejemplo, las gimnastas ya no pueden faltar a las clases, se les sanciona si lo hacen, y se nos permitió convalidar muchas de las asignaturas de los cursos de entrenadora nacional. Pero, a día de hoy, sigues visitando polideportivos y centros de entrenamiento y ves que no hay apenas financiación. Siguen entrenando muchas veces en las mismas condiciones que cuando yo lo hacía hace 25 años y no hay derecho.
»Yo tuve la oportunidad de conocer a muchas gimnastas de otros países en las competiciones, gente sometida a sesiones de entrenamiento más duras que las nuestras y que no consiguieron lo mismo que nosotras, pero, aun así, en sus países de origen contaron con pensiones económicas cuando se retiraron y con la posibilidad de continuar vinculadas laboralmente a la gimnasia.
»Nosotras hemos recibido muchos homenajes y nos han galardonado con premios importantes, como la Medalla de Oro del Real Mérito Deportivo, o a mí personalmente con la Medalla de Extremadura, pero todo lo que hemos conseguido después ha sido gracias a nuestro trabajo y esfuerzo, porque la federación no solo no nos preparó ni orientó para la vida tras la gimnasia, sino que nos ignoró. Y eso no es justo, más después de todo lo que conseguimos, el mayor logro que un deportista puede conseguir: una medalla de oro olímpica».
Otra de las cosas que se lograron cambiar gracias a la comisión del Senado fue que el ciclo de actividad de las gimnastas no empezara tan pronto, con gimnastas con 14 o 15 años, sino que fuera entre los 18 y los 19 años. Eso permitió a Almudena Cid participar en cuatro Juegos Olímpicos.
«Lo que Almudena fue capaz de hacer fue impresionante: completar cuatro ciclos olímpicos. Para cualquier deportista es un logro al alcance de muy pocos, pero, cuando hablamos de una gimnasta, es aún más increíble, teniendo en cuenta la dureza de nuestra disciplina».
Desde que se conocieran en aquel chalet de Canillejas, en Madrid, Nuria y Almudena han sido muy buenas amigas. Prueba de ello es que uno de los personajes del libro infantil publicado por Almudena en 2014, Olympia, está basado en Nuria.
Nuria actualmente sigue vinculada a la gimnasia como entrenadora en la ciudad de Badajoz, donde desde 2007 un pabellón polideportivo lleva su nombre. Entre sus alumnas se encuentra su hija de ocho años y quisimos saber si le gustaría que siguiera sus pasos.
«A mí me encantaría que mi hija quisiera dedicarse a esto, incluso sabiendo toda la presión a la que yo fui sometida, pero para eso está su madre, para prepararla para todo eso e intentar hacer que fuera más fácil de llevar. Aunque no creo que pase, porque, aunque le gusta, no está muy interesada en la competición, pero bueno, aún es pronto para descartarlo».
Después de una carrera que para muchos deportistas solo puede suscitar envidia, le preguntamos cuál fue el mejor momento de su carrera.
«Sin duda, cuando ganamos el oro, subidas al podio escuchando el himno. Y fíjate que por poco perdemos esa medalla porque subimos a recogerla con la publicidad de Campofrío en el maillot, algo que está prohibido en los Juegos: subir a recoger una medalla con publicidad. Aunque se puso una reclamación, finalmente fue desestimada. Pero, si tuviera que quedarme con un momento de mi carrera, sin duda sería ese».
En el vigésimo aniversario de la consecución de la medalla de oro, el equipo español de gimnasia rítmica lograba la plata en los Juegos de Río de Janeiro, demostrando que las nuevas generaciones vienen dispuestas a lograr los éxitos del pasado.
Me gustaría dar las gracias a Nuria Cabanillas por su tiempo y por su amabilidad y terminar con unas palabras suyas que hacen pensar:
«La gimnasia rítmica es un deporte enteramente femenino y, aun así, solo dos de las 17 federaciones de gimnasia que hay en España están dirigidas por mujeres». Una realidad que, por desgracia, es otra historia.
