Imagen destacada: Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas

Sed bienvenidos y bienvenidas. El mes de marzo ya está aquí, y con él la primavera. Una primavera que se ha estrenado con lluvias, pero que seguro da paso al buen tiempo. Este es un mes especial, pues se celebra el 8M, o Día Internacional de la Mujer. La idea de crear un día de la mujer en el que poder reivindicar todos los derechos de las mujeres, los sociales y laborales, surgió de la mano de las activistas políticas y firmes defensoras de los derechos de las mujeres, Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo, ambas militantes del Partido Comunista de Alemania (KPD), durante la celebración de la Segunda Conferencia Internacional Socialista de Mujeres, celebrada en Copenhague en 1910. Aunque pasarían algunos años antes de que se estableciera la fecha del 8 de marzo como el Día de la Mujer, y muchos más, concretamente no fue hasta 1975, durante el Año Internacional de la Mujer, que las Naciones Unidas empezaron a conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Se oficializó dos años más tarde.

El mes de marzo, también conocido como el mes de la mujer, cuenta con otras fechas destacadas. En algunos países, como por ejemplo España, el día 19 se celebra el día del padre. Dos días más tarde se celebra el Día Mundial del Síndrome de Down, o día de los calcetines diferentes, pero también se celebra el Día Internacional del Color. Una propuesta nacida de la Asociación Portuguesa del Color que fue adoptada por la Asociación Internacional del Color, una agrupación de asociaciones de más de 30 países al año siguiente. Y si existe una disciplina donde el color esté presente y haya sido de vital importancia, tanto por sus tonos claros como por sus tonos oscuros, sin duda esa disciplina es la pintura. En este mes de marzo hablaremos de mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas.

Katsushika Oi

Para nuestra primera protagonista tenemos que viajar al Japón del periodo Edo, concretamente al final de dicho periodo, en la segunda mitad del siglo XIX. Durante esos años, uno de los artistas más importantes e influyentes de Japón, y posteriormente del extranjero, siendo su obra fuente de inspiración y referencia de artistas como Vincent Van Gogh, Paul Gauguin y Henri de Toulouse-Lautrec, fue sin duda Katsushika Hokusai, un artista con una amplia y variada obra, siendo uno de sus grabados más famosos La gran ola de Kanagawa, una obra que ha sido reproducida en infinidad de ocasiones y estampada en cuadros, láminas, ropa, fotografías, etc.

La vida de Katsushika Hokusai fue sin duda fascinante, pero de quien queremos hablar hoy es de su hija, Katsushika Oi, una figura misteriosa y poco conocida del arte japonés y mundial. Su verdadero nombre era Katsushika Eijo; en Japón es común indicar primero el apellido y luego el nombre. El nombre de Oi era un nombre artístico que Eijo adoptó por la forma que tenía su padre de llamarla cuando estaban trabajando. Oi se podría traducir como "Eh, tú". Oi se convertiría en asistente y aprendiz de su padre y desde principios del siglo XIX empezó a desarrollar sus propias composiciones con un estilo muy similar al empleado por su padre, aunque con una técnica superior en algunos casos, tal y como llegó a reconocer su propio padre.

Como hemos dicho, la obra de su padre fue muy amplia, pues fue un trabajador incansable hasta, literalmente, sus últimos días, pero en sus últimos años desarrolló una parálisis que le impedía trabajar con regularidad, por lo que su hija se convirtió en su mano derecha, y hay quien dice que en su izquierda también, pues se considera que muchos de los acabados de las obras fueron hechos por Oi, e incluso que ella misma las realizó al completo. Tras la muerte de su padre se retiró y no volvió a pintar. Existe mucho misterio sobre ella y muy pocos datos contrastados. Sí sabemos que fue autora de 10 obras, pero no se sabe en cuántas ayudó a su padre o incluso realizó, pero también sabemos que fue, junto con su padre, una de las grandes artistas japonesas de la escuela conocida como "Escenas del mundo flotante".

Imagen 1 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas
Imagen 1 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas

Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun

Una mujer que fue contemporánea de nuestra anterior protagonista fue Marie-Louise-Élisabeth Vigée-Lebrun, considerada la artista femenina más influyente e importante del siglo XVIII.

Nació en el París de mediados del siglo XVIII, en una familia humilde. Su padre, un reconocido pintor, sería no solo su primer maestro, sino la persona que le pondría en contacto con otros grandes maestros del momento, como Gabriel François Doyen o Jean-Baptiste Greuze. En su adolescencia ya pintaba de forma profesional, especialmente retratos, género que cultivó de manera prolífica durante toda su vida, a la nobleza francesa. Aunque su taller fue cerrado al incumplir la normativa que prohibía pintar profesionalmente a todo aquel que no fuera alumno de alguna academia de arte, finalmente fue aceptada en la prestigiosa Real Academia de Pintura y Escultura, lo que le permitió continuar con su actividad y seguir obteniendo gran reconocimiento por sus obras.

Tal fue su ascenso que la mismísima reina de Francia, María Antonieta, le encargaría un retrato. La reina quedaría tan encantada con su trabajo que le encargaría muchos más, en los que se incluyen retratos de los demás integrantes de la casa real. Durante esos años sus trabajos se extenderían también a los Países Bajos. Tras el estallido de la Revolución Francesa, y calificada como monárquica, tuvo que huir de Francia, primero a Italia, seguido de Austria, Suiza y finalmente Rusia. En todos esos países siguió trabajando como retratista de la más alta nobleza europea. La propia Catalina la Grande, igual que hiciera María Antonieta, la acogió en su corte y la convirtió en una de sus retratistas predilectas.

Tras un paso breve por París, se desplaza a Inglaterra, donde llegaría a retratar a personalidades tan relevantes como Lord Byron. A mediados de la segunda década del siglo XIX, se instala de forma definitiva en París. Su producción pictórica continuó, pero de forma muy menguada. De sus últimos años destacan sus memorias, en donde hablaba de su interés por captar la personalidad psicológica de sus personajes y describe cómo era la formación académica de los pintores de la época. La Revolución cortó de forma abrupta su carrera en Francia, pero de forma indirecta le abrió las puertas a otras cortes europeas, lo que la convirtió en una artista de talla internacional. Hoy en día sus obras se exponen en los principales museos del mundo.

Imagen 2 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas
Imagen 2 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas

Hilma af Klint

Alguien que también supo lo que era que sus obras colgaran de los grandes museos fue Vasili Kandinsky. El pintor ruso de fama internacional ha sido considerado durante mucho tiempo como el padre del arte abstracto. Era siempre lo primero que decían de él cuando estudiabas o leías sus biografías. Pero lo cierto es que, aunque no se puede negar que fue un icono del arte abstracto, ya no se le considera el padre de dicho estilo, pues su verdadera pionera, la madre, fue la artista sueca Hilma af Klint, quien años antes de que Kandinsky exhibiera sus primeras obras abstractas ya había realizado las suyas.

De hecho, en el momento en que presentaba Kandinsky su obra De lo espiritual en el arte, Hilma ya había producido más de un centenar de cuadros y dibujos de temática abstracta. La explicación más sencilla para que las obras no se conocieran y se diera el crédito a Kandinsky podría estar en la misma razón que ya viene sucediendo a lo largo de la historia: la invisibilización de las mujeres. Pero, en este caso, fue un deseo expreso de Hilma que sus obras no fueran expuestas hasta al menos 20 años después de su muerte, pues consideraba que sus contemporáneos no las entenderían en su justa medida. Es por eso que no fue hasta mediados de los años 80 del siglo XX que sus obras fueron expuestas por primera vez y, con ello, poco a poco, empezó su reconocimiento. Desde el siglo XXI sus obras han estado expuestas en los principales museos del mundo y ha sido objeto de exposiciones temporales dedicadas exclusivamente a su figura y a reconocer su papel fundamental en la historia de la pintura.

En un número anterior os hablé de una de las grandes pintoras italianas del Renacimiento, Lavinia Fontana, y os quiero hablar de quién fue para artistas como Lavinia y otras una mujer que abrió las puertas a que ellas pudieran estudiar y ser reconocidas como pintoras y poder vivir de forma profesional de su arte, ya sea gracias al mecenazgo papal o de la nobleza local. La mujer de la que quiero hablaros hoy es Sofonisba Anguissola, considerada la primera pintora de éxito del Renacimiento.

Imagen 3 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas
Imagen 3 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas

Sofonisba Anguissola

Fue una talentosa pintora de retratos y autorretratos, pero sobre todo fue un eslabón fundamental entre las pinturas española e italiana. Instruida por algunos de los más grandes maestros de su tiempo, incluido Miguel Ángel, quien durante años en Roma la ayudó y asesoró sobre su arte, al quedar este impresionado por su talento en su primer encuentro.

Nació en la región de Lombardía en 1535, y gracias a su padre, quien animaría a sus seis hijas y su hijo a que explotaran al máximo sus talentos artísticos, Sofonisba estudió bellas artes y pudo formarse con algunos grandes maestros italianos de la región. Gracias a sus primeros trabajos con retratos familiares, consiguió fama y respeto y se trasladó a Roma, donde conoció a Miguel Ángel y este la ayudó. Su época en Roma acrecentó su fama y reconocimiento, lo que hizo que, con tan solo 27 años, en 1560 se trasladara a la corte española de Felipe II como dama de compañía de su tercera esposa, Isabel de Valois. Durante trece años trabajó como retratista de la corte, pintando a la reina, Felipe II y demás miembros de la casa real.

Adoptó estilos de pintura similares a sus colegas españoles de la corte, lo que ha hecho que parte de su trabajo en aquellos años fuera atribuido a pintores masculinos. Se sabe que el famoso retrato de Felipe II de edad mediana es suyo, al contrario de lo que se pensaba al haber sido atribuido a Alonso Sánchez Coello. Y se cree también que la Dama de Armiño, originalmente atribuida al Greco, también pudiera ser suya.

Tras su paso por la corte española, volvió a Italia, donde se casó en dos ocasiones. Gracias a su segundo matrimonio con un noble genovés, la fortuna de ambos, incluida una generosa pensión del monarca español y las posesiones de su marido, le permitieron poder contar con su propio estudio en casa y seguir elaborando sus obras, aunque en su vejez padeció cataratas, lo que redujo su producción drásticamente. No así su fama, pues numerosos pintores, muchos más jóvenes que ella, acudían a su casa en busca de consejos y formación, entre los que se puede incluir al pintor flamenco Anton Van Dyck. Murió a la edad de 90 años en su hacienda de Palermo y fue una mujer aclamada y respetada internacionalmente.

Aunque fue una mujer con grandes apoyos, su condición de mujer no le permitió recibir formación completa en arte. Las clases de anatomía o poder realizar dibujos al natural le estaban vetadas, pues no era propio de mujeres hacer tales cosas. Sin embargo, a pesar de esas carencias en su formación, se alzó como una de las grandes pintoras del Renacimiento italiano y abrió paso a otras grandes pintoras como la ya mencionada Lavinia Fontana.

Imagen 4 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas
Imagen 4 de Mujeres que hicieron historia en la pintura en distintas épocas

Me encantan los museos, puedo pasarme horas y horas recorriendo las salas o simplemente contemplando un cuadro. Es uno de los primeros sitios que visito cuando voy a una ciudad y suele ser un motivo importante a la hora de elegir un destino que visitar. Son sitios que no pueden dejar de visitarse. Algunos se pueden visitar de forma virtual, pero reconozco que no es lo mismo; pero si el dinero o las pandemias no permiten viajar, siempre es una opción.

El Prado es el mejor museo de arte de España y es el quinto museo del mundo en importancia. Un orgullo, desde luego, sabiendo la enorme calidad de la competencia. Solo el 1% de la colección de obras del Prado son de mujeres y en 200 años de historia aún no ha tenido una mujer como directora, pero eso es otra historia.

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