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Ya estamos en abril, ya empieza a notarse el calor, el poder disfrutar en la terraza de los bares y la época de las comuniones. Este mes hemos visto muchas cosas, como las elecciones generales en Francia, donde finalmente la extrema derecha de Le Pen ha caído derrotada en las urnas, aunque no por demasiado. La historia tiene tendencia a repetirse cada cierto tiempo y bajo determinadas circunstancias, y no hay nada mejor que una crisis económica o social para hacer crecer a la extrema derecha. Claro que no podemos comparar nuestra situación actual a como era hace un siglo en el periodo de entreguerras en Europa, que vio nacer y crecer a los partidos fascistas y autoritarios, pero eso no es excusa para que no podamos negar su existencia en cada vez más países europeos, el nuestro el primero, naturalmente.
Si echamos la vista atrás y observamos cómo era nuestro país hace 100 años, nos encontramos con un país que no se había recuperado aún del desastre de Annual, que tenía graves problemas económicos, sociales y políticos que harían que menos de un año después el general Primo de Rivera diera un golpe de Estado y asumiera el mando del país, estableciendo una junta militar con órgano de gobierno. Este golpe fue apoyado por el propio rey Alfonso XIII y, aunque la mayoría de los partidos políticos renegaron de él, finalmente lo apoyaron en mayor o menor medida. Uno de los pocos que nunca lo apoyaron y que siempre lo condenaron fue el Partido Comunista de España (PCE), en cuyas filas militaba desde su fundación una joven llamada Dolores Ibárruri, más conocida como “Pasionaria”. Este mes en “Visibles y Reales” hablaremos de una de las políticas más importantes de la historia de España y del comunismo internacional.
Dolores Ibárruri nació en la localidad vizcaína de Gallarta en 1895; se trataba de una zona minera de alta explotación, lo que haría muchos años después que el pueblo tuviera que ser reubicado a consecuencia de ello. Su padre era, como la mayoría de los hombres de la zona, minero. Si las condiciones laborales de los mineros siempre han sido, por decirlo de alguna manera, difíciles, a principios del siglo XX eran terribles. Recibió una educación tradicional y católica en el seno de una familia de inclinaciones carlistas. Fue una gran estudiante y, en 1910, estaba lista para ingresar en la Escuela Normal de Maestras, pero la delicada economía familiar truncó aquel sueño y debió buscar trabajo como modista y empleada del hogar mientras aguardaba para casarse. Es interesante pensar que la imposibilidad de poder estudiar magisterio fuera la causa de que España, y el mundo, conociera a Pasionaria. El verse obligada a quedarse en su localidad natal hizo que se casara con Julián Ruiz, un minero y líder socialista de corte marxista. Este matrimonio y su afición por la lectura hicieron que Dolores conociera las teorías marxistas y socialistas y se adentrara en el mundo del activismo político. Quién sabe si, de haber estudiado magisterio, las cosas hubieran sido diferentes, pues a veces es cierto aquello que dicen de que cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

No pasaría mucho tiempo para que Dolores empezara a ser más activa y relevante que su marido en el plano político, participando en 1917 en la huelga general y en 1919 en la escisión comunista del PSOE, lo que llevaría a la creación del Partido Comunista Español en 1920 y, junto al Partido Comunista Obrero Español, en 1921 al Partido Comunista de España, adscrito a la Internacional Comunista. Esta Internacional era una red de partidos comunistas y socialistas de toda Europa con directrices comunes que luchaban por instaurar la revolución comunista en sus respectivos países como se había logrado en la recién creada URSS.
Es en estos años, concretamente en 1918, cuando Dolores empezaría a usar el seudónimo de Pasionaria, nombre escogido por publicarse su primer artículo en Minero Vizcaíno durante la Semana Santa de ese año. A ella no le gustaba que se añadiera el artículo “la” a Pasionaria, pues consideraba que daba una imagen de cantante folclórica. La prensa se convirtió en el mejor altavoz para sus mensajes, colaborando con el ya mencionado Minero Vizcaíno, La Lucha de Clases y Mundo Obrero. Desde ellos pudo dar rienda suelta a sus mensajes y se convirtió en una excelente comunicadora del periodismo del partido.

Los años 20 no fueron fáciles para la recién creada formación política. El PSOE, partido creado en 1879, era la principal fuerza de la izquierda española y aglutinaba a otras formaciones más pequeñas en sus filas, por lo que la presencia del PCE se limitaba a la cuenca minera de Vizcaya y Asturias y contaba con una leve presencia en Madrid y Andalucía. Sin embargo, a pesar de su limitada y pequeña estructura, fue un partido ilegalizado por la Junta Militar de Primo de Rivera. La sombra del comunismo, por pequeña e inofensiva como lo era en ese momento en la España de los años 20, no tenía cabida entre los sectores más tradicionales del país, y casi tampoco dentro de la izquierda, que no miraba a esta nueva formación con buenos ojos, especialmente el PSOE, partido del que se habían escindido.
Si la vida del partido corría peligro, su vida personal no era mucho mejor. La vida de un minero era sinónimo de precariedad y de carencias y, si le sumamos el activismo de su marido, con sus cortos, pero constantes pasos por la cárcel, tanto de él como de ella, el matrimonio sufría constantemente grandes penurias económicas y con ello la escasez y privación de bienes básicos. Pero más allá de esas penurias, si hubo una desgracia que se cebó con la familia fue sin duda la pérdida de sus hijos. Dolores y Julián tuvieron 6 vástagos, 5 chicas y 1 chico, de las cuales 4 murieron en estos años con escasos meses de vida. Aquellas desgracias marcaron la vida de Dolores y la hicieron vestir de negro casi toda su vida.
Terminada la dictadura de Primo de Rivera y con la llegada de la II República, se trasladó a Madrid. El PCE no había entrado en aquel primer gobierno de partidos de izquierdas y republicanos; ella misma perdió en su intento de convertirse en diputada por Asturias. Las diferencias con el PSOE y que el PCE no comulgaba con buenos ojos con aquel primer gobierno fueron las causas del ostracismo del partido. Su llegada a Madrid en 1931 fue para ocuparse de la redacción del periódico Mundo Obrero, que era a la sazón la publicación oficial del PCE, casi la más antigua y que a día de hoy sigue en activo desde su creación en 1930.
En 1933 fue nombrada presidenta de la recién creada por el PCE Unión de Mujeres Antifascistas, una agrupación de carácter antibelicista, antifascista y feminista que se sumaba a la creciente ola de beligerancia totalitarista que recorría Europa, con la victoria de Hitler en Alemania o de Mussolini en Italia, sin olvidar los movimientos que empezaban a crearse en España, como la creación de Falange en 1933, de José Antonio Primo de Rivera, hijo del que fuera dictador durante la década de los 20. Además, los partidos de derecha se habían unido en la CEDA, una agrupación de partidos para aglutinar esfuerzos y poder derrotar a los partidos de izquierda en las elecciones de 1934, cosa que finalmente consiguieron.
Con la CEDA en el poder y Falange convertida en formación política que anunciaba, abiertamente o sutilmente, la idea de hacerse con el poder a través de golpes de Estado, las fuerzas de izquierda tomaron una decisión histórica y casi única, aunque esperemos que no irrepetible, de unir todas sus fuerzas, esta vez sí, con el PCE entre ellos, en el Frente Popular, la mayor agrupación de partidos de izquierda jamás vista. Este movimiento les permitió recuperar el poder en febrero del 36, escasos meses antes de la guerra civil. En esta ocasión sí logró su sillón como diputada por Oviedo.
Durante la guerra civil se convirtió en el máximo referente de la defensa y resistencia antifascista con sus célebres discursos, como el emitido el 20 de julio, en el que popularizó la frase que se convertiría en un lema internacional, “¡No pasarán!”. Para ser justos, hay que decir que esa frase se había usado durante la batalla de Verdún, popularizada por el general francés Neuville; otros dicen que por Pétain, durante la Primera Guerra Mundial. De creación propia o no, aquellas palabras se han convertido en un lema antifascista que aún resuena en la actualidad. En 1937 asumió el cargo de vicepresidenta de las Cortes. En 1938 pronunció uno de los discursos más emotivos y simbólicos de la contienda, dedicado a despedir a las Brigadas Internacionales, miles de voluntarios y voluntarias de todos los rincones del mundo venidos a España a luchar contra la barbarie y el fascismo.

Su salida se debió a un intento por parte del gobierno de Negrín de mostrar un acto de buena voluntad, y que de esta forma las potencias europeas, con Francia y el Reino Unido, presionaran a Franco a parar la guerra y la España republicana se convirtiera en un fuerte aliado frente al fascismo, pero las potencias no tenían ningún interés en ayudar a España. Churchill llegó a decir que prefería a Franco en el poder que un gobierno de comunistas en España. Irónicamente, sería el Reino Unido quien se declararía adalid antifascista durante la Segunda Guerra Mundial. Sólo la URSS y México ayudaron a la República.
A principios de marzo, con la derrota cada vez más clara, los principales representantes republicanos que aún quedaban en el país debieron marcharse al exilio, conscientes de que su destino, si se quedaban, sería situarse frente a un pelotón de fusilamiento.
De esta forma comenzó un exilio en la URSS de casi 40 años. Instalada en Moscú, en 1942, Dolores fue nombrada secretaria general del Partido Comunista de España, siendo la primera mujer en la historia de la política española en recibir dicho cargo. Ese mismo año, la desgracia volvió a cebarse con ella al conocer la noticia de que su único hijo, Rubén, murió en el frente de Stalingrado, donde servía como teniente del Ejército Rojo. Rubén contaba con experiencia militar durante la guerra civil y, al estallar la II Guerra Mundial, no dudó en alistarse, siendo condecorado con la Orden de la Bandera Roja, la más alta condecoración militar, además de Héroe de la Unión Soviética a título póstumo.
En 1960 renunció al puesto de secretaria del PCE y se convirtió en su presidenta hasta 1982. Su etapa en la URSS fue muy intensa y llegó a estar en el Secretariado Internacional y en comités de Mujeres Socialistas Internacionales, así como a reunirse con infinidad de figuras políticas de todo el mundo: Fidel Castro, el Che, Mao, Ho Chi Minh y un largo etcétera.
Tras la muerte de Franco, Dolores pudo volver a España y fue de nuevo elegida diputada en las primeras elecciones democráticas celebradas en España desde el 36, aunque su cargo fue más simbólico que activo. La imagen de ella, del brazo de Rafael Alberti, entrando en el hemiciclo del Congreso se ha convertido en una de las imágenes más icónicas de la transición. En 1989, escasos días después de la caída del Muro de Berlín, Dolores Ibárruri, de nacimiento Isidora, pero conocida en todo el mundo como Pasionaria, moría en Madrid a los 93 años. Está enterrada en la parte civil del cementerio de la Almudena.
Dolores Ibárruri fue una de las activistas y políticas más importantes de España y del movimiento comunista internacional. Fue reconocida en vida, condecorada con las más altas distinciones en la URSS y, durante casi 40 años, participó y dirigió Radio España Independiente, Estación Pirenaica, desde donde mandaba mensajes de resistencia y apoyo a la población española subyugada en la dictadura franquista. También fue reconocida tras su muerte, dando nombre a plazas y calles y con estatuas en su honor. Desde el 2005 es “presidenta de Honor a Perpetuidad” del PCE.
Mientras escribo estas líneas he sabido que 9 de cada 10 votantes de Emmanuel Macron le votaron por la única razón de que Le Pen no ganara, y me hace darme cuenta de que las palabras de Pasionaria, “¡No pasarán!”, siguen resonando en nuestros días y espero que en nuestro país no se hayan olvidado, pero eso es otra historia.
