
Hay personas que te contagian su alegría de vivir, que no tienen miedo a los retos ni a lo diferente, que te hacen sentir que el mundo aún es misterioso e inexplorado. Una hora de charla con alguien así te «esponja el alma», sacude las convenciones que la sociedad actual ha comprimido en ti y deja espacio para nuevas alegrías de vivir.
Eso me pasó cuando conocí a Fernando González Sitges, un hombre y artista polifacético donde los haya.
Biólogo de formación, ha trazado su ruta vital con el arte y el amor por la naturaleza. Documentalista con más de 160 documentales sobre naturaleza e historia a sus espaldas, zoólogo, ilustrador, escritor y director ejecutivo de la Fundación Bioparc.
Un aventurero de hoy en día que me causa cierta envidia. ¿Cuántos de vosotros habéis soñado con viajes peligrosos al leer los libros de Jack London? Yo lo hacía, pero luego levantaba la vista del libro y escuchaba las noticias, consultaba los mapas, ya sin zonas por descubrir, y pensaba que esas historias correspondían a otros tiempos, a un mundo que ya no era el mío.
Hablar con Fernando me borra esa convicción. Él defiende que, si bien es cierto que cada vez es más difícil llegar a lugares desiertos debido a la superpoblación y a que todos queremos vivir mejor y ver más mundo, hay mil aventuras posibles hoy en día. Viajar a lo profundo de la selva, nadar entre tiburones o, incluso pasando de la naturaleza al arte, encontrar aventura en la Biblioteca Nacional: la pasión de descubrir un cuadro o alguna pieza de arte es algo que te puede emocionar de igual manera.

Son cosas que nos acercan a lo que él llama «la necesidad de lo salvaje» (leed su artículo en lalineadelhorizonte.com): tener una zona donde no está todo delimitado, estructurado, ordenado.
En la sociedad actual hay muchas cosas prohibidas, que no debes hacer; se nos impronta con este orden desde pequeños y el mundo está hoy en día más parcelado y con menos libertad. Es una estabulación y una pérdida de lo salvaje que afecta al alma del ser humano. Le hacen cada vez menos humano.
En el ámbito intelectual defiende también una mayor libertad dentro de los límites del respeto y la educación. Porque esa pérdida de lo salvaje provoca depresiones y ansiedad, problemas muy típicos de la sociedad actual.
Como ejemplo nos pone África, donde me cuenta que antes se podía tranquilamente pasear por la sabana africana a riesgo de que un león te cazara, por lo cual podías elegir ir armado o no. Hoy en día es imposible: en un parque nacional debes ir por una ruta definida, a una hora determinada, sabes dónde están los animales, a qué hora… No queda espacio para la sorpresa, la emoción o incluso el miedo.
Hablando sobre el miedo en la aventura, me recuerda la frase del almirante inglés Richard E. Bird a principios del siglo XX: «La naturaleza tiene buenas razones para exigir sacrificios especiales a aquellas personas decididas a contemplarla». Me defiende que él nunca buscó ser un alma aventurera, pero que muchas veces, para llegar a un objetivo como ver pingüinos en una isla cerca de la Antártida, no te queda más que vivir una aventura. Sin embargo, le pregunto:
—Si pudieras ir sin aventura, sin peligro, ¿lo harías?
Y me confiesa, con una sonrisa de niño travieso:
—No.

Me cuenta la emoción de una de sus primeras experiencias con «lo salvaje». La primera vez que fue a África acampó en Tsavo, la zona de los leones devoradores de hombres. En la construcción del ferrocarril Kenia-Uganda devoraron aproximadamente a 35 personas, hasta que el coronel John Henry Patterson los abatió. Aunque estaban vigilados por masais, escuchar los rugidos de los leones en la oscuridad de la selva mientras clavaban las piquetas de sus tiendas le provocó un miedo maravilloso que quedará para siempre en su recuerdo.
Fernando es una persona que continuamente transmite y comunica. Estas ganas de apasionar y de transmitir toman cuerpo en su obra artística. Yo lo conocí por la maravillosa escultura de un elefante que se encuentra frente al Bioparc de Valencia, Escipión.
Me cuenta que pasó un año trabajando con artesanos del hierro en el taller de cerrajería El Puerto, en Valencia, y para él Escipión no es solo una escultura que te puede gustar o no: es el resultado de un año con personas maravillosas.
Igualmente, su libro «De noche en la selva» (Varasek Ediciones) es un reflejo de cientos de viajes y fuegos de campamento. Recuerdos de experiencias que rozan en ocasiones lo sobrenatural, en el límite de la comprensión. Un libro maravilloso que os animo a leer: una inmersión en la selva, en otra vida, en otro mundo.

Una puerta de entrada a soñar con lo desconocido.
El arte toma también relevancia en su labor como director ejecutivo de la Fundación Bioparc. Si bien la fundación tiene ya multitud de proyectos internacionales con un gran impacto positivo en la conservación de la naturaleza, su intención actual es dar un paso más allá y conseguir llegar, a través del arte, a personas que a priori no están tan interesadas en la naturaleza.
Se crea entonces el Wild Oceans FilmFest, que se inaugura este año en Gijón con las mejores películas sobre los océanos, sobre los mares y las costas, para que, a través de la inmensa belleza que albergan, nos inspiren a cuidar y amar la naturaleza. Allí podremos escuchar a los mayores expertos para que, de primera mano, nos cuenten los problemas y soluciones que han encontrado en todos los océanos del mundo.

Os invito por último a conocer la obra de Fernando González Sitges, tanto documentales como libros, ilustraciones o esculturas. Porque estoy segura de que, igual que a mí, os inspirará para soñar. Y hoy en día necesitamos a veces separar un poco los pies de la tierra y dejar volar nuestra imaginación.

