En una de las galerías que conforman el Rastro de Madrid, descubrimos Caranco,

una tienda de antigüedades dirigida por Félix Márquez y Joaquín Forte ,

dos amantes del arte y la decoración.

El Rastro de Madrid, es sin duda uno de los sitios más populares de la ciudad, y es una parada obligada no sólo para los turistas que nos visitan, sino también para todos los aficionados al arte, los objetos de segunda mano y las antigüedades.

El Rastro madrileño está documentado desde 1740 como un lugar de encuentro para la venta y cambio de segunda mano. En sus inicios​ se formó alrededor del antiguo matadero, origen de su insospechado nombre, ya que​ «Rastro» era en el siglo XVI sinónimo de carnicería o desolladero. Actividades que a posteriori han quedado reflejadas en el callejero madrileño de este castizo barrio.

A finales del siglo XIX la proliferación de pequeñas industrias como curtidores, tejedores, zapateros o sastres hicieron que la zona comenzara a agruparse según los gremios. En las tres primeras décadas del siglo XX, el Rastro se extendió por diversas calles adyacentes y comenzó a atraer la mirada de intelectuales, artistas y escritores costumbristas de la época.

La apertura de las Galerías Piquer en los años cincuenta favoreció la aparición de otras galerías de antigüedades. Se institucionalizó el mercado, y se hizo más popular. Este éxito llevó a que en 1952 se inauguraran las Nuevas Galerías en el número 13 de la Ribera de Curtidores; y en el año 1964 las Galerías Ribera, en el número 15, iniciaron su actividad. Estas galerías se hicieron muy populares en las guías turísticas de 1970 llegando a incrementar y estimular de nuevo sus actividades.

Hoy, la apertura de sus tiendas de restauración y antigüedades han dotado de otro estilo, mucho más chic al barrio de La Latina.

Joaquín Forte ( Carmona, Sevilla, 1975) y Félix Márquez( Aranjuez, Madrid, 1973) no cuentan con una tradición familiar que les haya empujado a dedicarse a las antigüedades. No vienen de ese mundo, ni se formaron para ello inicialmente. Es su buen gusto por el arte y su buen ojo con las piezas, lo que ha hecho que unifiquen fuerzas para crear uno de los espacios más fascinantes y personales de Madrid.
En Caranco se pueden descubrir auténticas joyas, obras únicas, mobiliario clásico, piezas orientales, materiales nobles, y toques de shabby francés en un espacio cuidado hasta el más mínimo detalle, donde sus propietarios aúnan lo decorativo con el rigor histórico.

Joaquín centró sus estudios en el mundo empresarial. Debido a su gusto e interés por la decoración y la arquitectura se graduó en Interior Design & Decoration en la prestigiosa escuela Chelsea College of Arts de Londres. Tras pasar varios años en una conocida multinacional sueca, cambia el diseño por el mundo del lujo y la joyería. Por su parte, Félix estudió Administración y Dirección de Empresas. Después de dedicarse al sector de las telecomunicaciones y nuevas tecnologías, su pasión por el arte, le hace enfrascarse en la gestión cultural y la docencia; colaborando con la Universidad Carlos III de Madrid, el Centro de Formación Profesional San Juan De Dios, la Universidad Pontificia de Comillas y como director de proyectos de la fundación Acción Social por la Música en colaboración con el Teatro Real.

¿En qué momento os conocéis y decidís crear este proyecto ?

Nos conocemos alrededor de la música, en un concierto. Nos damos cuenta que nos entendemos a la perfección en todos los ámbitos de la vida, compartimos ideas y previsiones para el futuro y finalmente, aunque cada uno seguimos dedicándonos a nuestros respectivos trabajos, decidimos empezar un nuevo proyecto en común.
El proyecto comienza con la compra de una maravillosa casa para convertirla en lugar donde recibir más que a clientes a amigos. Ambos viajamos mucho por trabajo y por ocio y echamos de menos un lugar (que no queremos llamar hotel) donde el trato sea muy, muy especial. La casa está siendo restaurada actualmente en Cotillo de Anievas (Cantabria).
Y es ahora cuando podemos explicar el nombre y origen del proyecto: CARmona – ARANjuez – COtillo: CARANCO.

¿Por qué una tienda de antigüedades?

Siendo de Carmona, con la historia que se respira en cada rincón, es difícil no tener una sensibilidad especial hacia los colores, la decoración y las antigüedades. Aranjuez, también impregna de un gusto que no se siente en otros lugares, sus jardines son pura inspiración.
Este hecho (haber nacido en ciudades históricas) y nuestra casa, que también queremos que se convierta en showroom de objetos de deseo, hicieron que nos enfocáramos en desarrollar un negocio alrededor de las antigüedades. Tenemos una amiga también anticuaria y que confía mucho en nuestro gusto que nos ayudó mucho a tomar la decisión definitiva.

¿Cómo fueron los inicios de Caranco? ¿Siempre habéis estado en el Rastro? ¿Dónde podemos encontraros?

Siempre estuvimos en las Nuevas Galerías del Rastro de Madrid. Empezamos en un local pequeño de la primera planta (local 50) y un año más tarde, decidimos ampliar alquilando el local de al lado triplicando así el espacio ( locales 50, 51 y 52). Ahora tenemos una exposición más grande y podemos dejar aire entre las piezas porque todas tienen su historia y son protagonistas. Además, hemos ganado visibilidad y así es más fácil para nuestros amigos encontrarnos.

Actualmente, ¿ Compagináis vuestros trabajos con Caranco? ¿Cómo hacéis para llegar a todo? ¿Contáis con un equipo a parte de vosotros en la tienda?

Sí, lo compaginamos ya que ambos seguimos trabajando en otros sectores. La semana es complicada pero muy divertida, cuando algo te gusta, hay tiempo para todo.
Uno ( Félix) es más práctico y gestiona la operativa de la tienda, y el otro ( Joaquín) es más creativo y en cualquier momento escribe a un cliente o proveedor porque ha encontrado justo en ese instante como crear la simbiosis entre una necesidad y una oferta.
Ambos buscamos objetos de deseo a deshoras, hay veces que hablando con amigos, por respetar un cambio horario, nos ponemos en contacto con un proveedor del otro lado del mundo porque nos salta una alarma en el móvil.
Tenemos un par de colaboradores que se quedan en la tienda los fines de semana cuando nosotros viajamos y otro que lleva los muebles de un lugar a otro. Nosotros llegamos a “casi” todo.

¿De dónde proceden las piezas que tenéis?

En Caranco tenemos de todo, buscamos mucho, mucho para poder ajustar los precios. Compramos en multitud de sitios, esa es una parte importante del encanto de este negocio. Casas procedentes de herencias que venden su contenido, personas que tenemos localizadas por toda España que intentan buscar lo que pedimos, casas de subastas internacionales, búsquedas en nuestros viajes… lo más importante es tener el ojo hecho. No todo vale pero sí cosas que no serían válidas para muchos, cuando entran en el contexto de Caranco, empiezan a funcionar.
Tenemos mucho mueble y objeto español, nuestro siglo XVIII es fascinante, de repente los años 70 americanos o el mobiliario francés del campo de los años 30 también nos inspiran… Arte y grabados chinos, lámparas hechas con botellas holandesas, capachos de esparto o planos de Madrid completan la oferta.

¿Qué recorrido lleva la pieza desde que la encontráis hasta su venta?

Viajes, llamadas, internet, por ocio o enfocando la búsqueda (porque tengamos una petición), cualquier cosa vale para, sin darte cuenta, tener enfrente un objeto de deseo. Cuando lo vemos, compramos, decidimos cómo traerlo desde su origen (esto no es siempre fácil) y cuando llega a Caranco, comienza el baile de muebles hasta que encontramos su sitio ó lo encuentra el propio objeto, de esto no estamos seguros.

¿Cuál es la base de vuestra selección?

Nos gustan las piezas excepcionales, no seguimos modas, estilos o compramos por valor, nos puede atraer muchísimo una cosa en un puesto en el suelo o una pieza de museo.
Nos gusta el mueble español, noble o de campo, las telas especiales antiguas (Liberty, Pierre Frey, Gastón y Daniela…), nos fascinan los candeleros de bronce de distintas épocas, la cerámica de La Cartuja de Sevilla muy antiguas y generalmente blancas, cuencos de Fajalauza y cuadros que seleccionamos de libros y revistas de principios del siglo XX que luego enmarcamos dándoles mucha personalidad.

¿Qué os inspira a la hora de seleccionar los objetos que tenéis?

Nuestros viajes, libros y maestros del interiorismo como Dorothy Draper, David Hicks o Jaime Parladé.

“El mundo de las antigüedades ha funcionado siempre.

Es cierto que está cambiando y que lo más atrayente para crear

una experiencia de cliente es ofrecer una mezcla interesante.”

¿Cuál es la pieza más especial que tenéis en la actualidad y de la que os habéis desprendido?

Tenemos seis sillas de estrado españolas con retor original que son maravillosas. De las piezas que hemos vendido, nos acordamos mucho de un farol de cobre español gigante del S. XVIII, que venía de la entrada de caballerías de un antiguo palacio de El Escorial.

¿Hay algo que jamás compraríais o venderíais?

Hay muchas cosas que no compraríamos pero eso lo dice “el ojo” cuando estamos enfrente de la pieza. De entrada cualquier cosa en el contexto adecuado puede funcionar.

¿Qué tipo de clientela soléis tener?

Tenemos muchos tipos de clientes, un alto porcentaje son españoles con segunda residencia por España. También tenemos clientes franceses que compran más objetos que muebles. Los profesionales del sector también son grandes clientes… Precisamente también por estar en el Rastro, la variedad es absoluta porque al Rastro viene todo tipo de gente con una cosa en común: todas son personas interesantes.

Si queremos comprar una pieza vuestra, ¿Cómo podemos hacer?

Somos versátiles y nos adaptamos a las peticiones. Sobre todo escuchamos la historia del que será nuevo propietario de una de nuestras piezas, cuando tenemos información suficiente asesoramos si es necesario y gestionamos la recogida o el envío del objeto que se va de Caranco.

¿Se valora a día de hoy la antigüedad?

El mundo de las antigüedades ha funcionado siempre. Es cierto que está cambiando y que lo más atrayente para crear una experiencia de cliente es ofrecer una mezcla interesante. Hay piezas de los años 50 que son puro arte colocados junto a una lámpara de los 80 o sobre un mueble del siglo XVIII.
No es exclusivo, aunque a veces se piense. Si le diéramos más visibilidad y la gente supiera que comprar antigüedades no es caro y sí una experiencia divertida, tendríamos muchos más consumidores de estos objetos de deseo.

¿Cuál es la parte que más os gusta de vuestro trabajo en Caranco?

Hay mucho de interesante en nuestro trabajo, la búsqueda es muy divertida, la fase de conocimiento de nuestros clientes también es lo más y recibir una foto de un cliente contento con una de nuestras piezas en su casa…¡Ya nos hace irnos contentos a casa!

Como nos habéis adelantado, tenéis entre manos un proyecto turístico en Cotillo de Anievas que está aún en desarrollo. ¿Podéis darnos más detalles?

Un proyecto en desarrollo y que nos encanta… se trata de una casa del S. XIX con un jardín maravilloso por el que pasa un río. Estamos restaurando todos los elementos que pueden ser restaurados, suelos de madera de castaño, ventanas originales de la casa, piedra y ladrillo antiguo en las paredes, etc… os seguiremos contando más adelante.

Lo mágico de aventurarte en este mundo es que sabrás cuando entras, pero nunca cuando sales de este espacio en el que querrás comprarlo todo. Palabra.
Mientras, nuestro próximo viaje pendiente será a Cantabria, para conocer Cotillo de Anievas, proyecto con el que ya estamos soñando.

UN ARTISTA
Siempre Velázquez.
UNA CIUDAD
Madrid.
UN VIAJE PENDIENTE/DESEADO
Un fin de semana en nuestra casa de Cotillo.
UNA PELICULA
Relative Values, como la vida misma…
UNA CANCION
Feeling good de Nina Simone.
UN LIBRO
Un libro no, una montaña de libros!
UN DISEÑADOR/MARCA
Willian Morris, las mezclas de colores son magníficas.
UN RESTAURANTE
Horcher en Madrid, de toda la vida.
UN MUEBLE
Mesa de comedor muy grande.
UN COLOR
Almagra.
UN MUSEO GALERIA
Guggenheim de Nueva York.
UN OLOR
A colonia fresca.
UN PLAN IDEAL
Cualquiera sin horarios.

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